Periodismo alternativo desde Chetumal

Un día más con vida

 

Ya estamos en la recta final de la  maestría en periodismo político, impartida por la  Escuela de periodismo Carlos Septien García en las instalaciones de la Universidad de Quintana Roo.  En el mes de diciembre recibimos a la Maestra Blanche Petrich, actualmente reportera de asuntos especiales de la Jornada, quien ha cubierto Guerras en Centroamérica y el Caribe, Colombia, Frontera Norte y Europa del este, recientemente Irak. Petrich  nos  instruyo  en Periodismo Político 1, recomendándonos que nos acercáramos a los grandes periodistas como: Wilfred  Burchett, Gunter Wallraff, Robert Fisk, Ryszard Kapucinski. Quiero decirles mi Audiencia Convergente que fue un magnifico consejo, porque al leer a los grandes poco a poco vamos afinando y perfeccionando  nuestro estilo al escribir.

Por eso hoy quiero compartir con Ustedes la reseña del libro:

Un día más con vida,  consta de 185 cuartillas divididas en cuatro capítulos: Cerramos la ciudad, Escenas del frente, Cablegramas y ABC.

La revolución de los claveles anuncia el fin del colonialismo portugués y fija la proclamación de la independencia de Angola para el 11 de noviembre de 1975. Tres meses antes, Ryszard Kapucinski, Polaco nacido en 1932 quien estudio en la Universidad de Varsovia y fue corresponsal en el extranjero hasta 1981,  se instala  en el hotel Tívoli, para ser ver con sus propios ojos y narrar la batalla definitiva por Luanda,  en su avance hacia la capital, la guerra por el poder en el futuro Estado soberano se recrudece por momentos. Kapuscinski, con grandes dosis de valor  y de  insensatez  decide quedarse contra viento y marea hasta el final; sumido en el abandono y  la soledad sus únicos momentos de desahogo suceden cuando se enlaza a través del télex a Varsovia para comunicar las crónicas de lo vivido día a día al recorrer  la ciudad desierta y los frentes de batalla. Más que el relato de un reportero, se trata de un diario íntimo, escrito por un ser humano al límite de sus fuerzas y consciente de su indefensión ante la amenaza de muerte  sobre su cabeza y  las cabezas de tantos angoleños, soldados y civiles, que protagonizan este libro.

En el primer capitulo “Cerramos la ciudad” el autor define a los personajes que lo acompañan a lo largo de esta aventura, especial atención merece doña Cartagena una anciana amble y vivaracha, camarera del hotel en el que se hospeda cuyo personaje encarna a la perfección a muchos sexagenarios  del mundo con su voluntad, tenacidad, perseverancia, amor al trabajo y cuidado del prójimo, incluso al termino de la obra se antoja visitar alguna vez los caminos recorridos por Ryszard y encontrar a doña Cartagena  dirigiéndose al trabajo. La lectura es envolvente y logra inducir a la reflexión sobre lo difícil que es la guerra para las familias ricas y pobres, cuando ocurre los bienes materiales no importan, únicamente interesa salvar la vida huyendo, vaciando la ciudad  como un esqueleto desnudo pulido por el viento. En la  narrativa es magistral la descripción del porque se abandonan las tiendas, de cómo se mezclan apiladas la literatura corriente con obras maestras en las librerías olvidadas, porque en tiempos de guerra  nadie le da importancia a la literatura.

En el segundo capitulo “Escenas del frente”  es para mi la parte trascendental de la crónica, ya que el autor decide ir al frente donde se encuentra la noticia, logrando ser testigo fiel de los acontecimientos a costa  de su propia vida, clarificando como es la vida de un corresponsal de guerra en una zona de conflicto, cada que llega a un puesto de control militar su vida depende de tres cosas: una parte explicativa, una negociación y una conversación entre amigos.

Redactando que no se puede mostrar prisa ni nervios porque te pueden conducir a un desenlace fatal y cómo al término de estos encuentros los cigarros se convierten en una mercancía de intercambio y agradecimiento de alto valor. Los medios de comunicación local manejan la situación de guerra a través del comunicador Ju-Ju, un angoleño blanco quien emite sus comunicados de manera larga y confusa cuando las cosas andan mal y cuando la situación es favorable se transforman en comentarios breves y serenos, lo que me recuerda al conductor  conocido como “la viborita” del noticiero matutino de política trasmitido por radio  en Quintana Roo cuando previa línea   se dedica a “golpear” o a “ensalzar”  a algún político Quintanarroense.

Un tema impactante es el tropiezo en Balombo  con una  guerrillera de veinte años,  Carlota quien les  es asignada como escolta y finalmente muere al protegerlos, el autor describe de manera precisa sus miedos, su estado de animo, sus emociones,  los síntomas que experimenta al sentir el hedor a muerte de la guerra, los sentimientos de culpa de todos los corresponsales por no haber podido hacer nada a favor de Carlota. También llamó mi atención la representación del anuncio de la posada del “Cisne Negro”. Los servicios  que ofrecía (aire acondicionado, cocina suculenta, jardín, bar, precios sin competencia) en buenos tiempos y lo que paradójicamente en tiempos de guerra encuentras en realidad.

En el tercer  capitulo “cablegramas”  se menciona la operación “Orange” cuyo objetivo era la ocupación de Luanda antes del 10 de noviembre de 1975,  nuevamente  Los medios de comunicación se convierten en una herramienta trascendental  para transmitir las noticias  de última hora y convocar por medio de la radio local a través de lecturas a todo pulmón de los boletines del Estado Mayor del Ejército Popular de Angola,  a todos los hombres y resto de patriotas a que tomen  sus armas y se  sumen  al combate, luchando  por su país debido a que  el enemigo ha ocupado varias localidades  importantes de  Angola.

Hace mención de cómo desde afuera los medios y políticos no entienden la guerra y tratan de dar soluciones fuera de contexto, finalmente kapuscinski narra como solicita permiso para dejar lo “confuso” de Angola  y  es enviado a otra encomienda, mientras tanto se despide uno a uno de los que vivieron con el momentos difíciles, especialmente de doña Cartagena.

Finalmente el  cuarto capitulo denominado “ABC” nos ofrece una guía muy clara de los orígenes de Angola, la configuración del terreno, la hidrografía, las estaciones del año, la flora y la fauna, las economía, la población, sus principales ciudades,  la historia cronológica de sus guerras y conflictos y deja un espacio para preguntarse y dejar a la imaginación del lector ¿que sucedió con cada  uno de sus compañeros de guerra?

En mi  primer acercamiento al autor quede fascinada de su narrativa, la calidez con que describe a cada personaje, cómo entrelaza los testimonios de los personajes principales con sus propios sentimientos y temores, el paralelismo de un acontecimiento cruento te puede llevar a la descripción divertida e intrascendental de una película pornográfica.  Me quedo con Kapuscinski y me propongo ahondar en su obra, ya que estoy segura que a través de sus textos podremos ser mejores escritores de cualquier género periodístico.

Lo más significativo como maestrantes  de periodismo es el reparo  que hace Kapuscinski sobre “Considero que no debo escribir sobre personas con las cuales no haya vivido, aunque sólo fuera una pequeña parte, lo mismo que viven ellas” (pagina 79), si los informadores  nos sujetáramos a ese principio el ejercicio del periodismo sería más ético,  humano, justo, imparcial y probablemente objetivo.

 

 

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